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Centro
Valesano Buenos Aires
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Dios puede
llamarme porque mi paz está lograda,
partiré sin temor y sin
demasiada pena.Mi alma está sumisa y resignada, Sin murmullo alguno ella espera su sentencia. Tu voluntad, Señor, es en adelante la mía. Ordena! Estoy dispuesto a dejar todo por ti, pero permite que regrese a mi país natal, quese me otorgue morir bajo mi techo. Muy cerca de Les Hauderes está el cementerio. Al mediodía el sol le lanza sus dardos de oro. Reposa allí mi familia, casi toda. Mi padre duerme ahí hace cuarenta y cinco anos .En ese tranquilo recinto dondela hierba crece mas fuerte, yote he tendido, padre, cuando tu sucumbiste. ¿Es demasiado pedir, oh Dios, por toda gracia, reencontrarmecon quienes me esperan allá? Mi tumba no tendrá aquí ni hierba ni hiedra, la zarza de los mil dientes hurgará mi corazón. No escuchare una voz familiar, y los queridos recuerdos se desvanecerán a coro. Nada es mas doloroso que una tumba solitaria, Donde jamás viene un amigo con el corazón dolorido. ¡Cómo debe sentir aquel que yace bajo tierra el peso sobre su ataúd del universal olvido! Jean Pierre |
| SEMBLANZA Jean Pierre Quinodoz – bisabuelo de María Marta Quinodoz, integrante de nuestro centro – nació en Les Heures, comuna de Evolene – Valais – en 1847. Cuando cumplió 65 años, el 14 de octubre de 1912, envía este poema a Antoine Quinodoz, familiar radicado en el Valais. Falleció en Nogoyá – Entre Ríos – en 1917. |