Los colonos suizo-valesanos
llegaron a la Argentina con el primer llamado constitucional. Nuestro país
dejaba oir su voz con un acento particular. Convocaba desde el mismo Preámbulo
de la Constitución, a propios y a extraños, para sumarse al mayor de los
proyectos: dar vida plena a la nueva Nación.
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¿Cómo era el inmigrante
valesano que asumía un compromiso con el país de adopción? “El colono – dice
Alejandro Carrón, en su obra ‘Nous couisin d’Amerique’ – fue un hombre austero
que se nutria de la tierra fecunda, que alimentaba su espíritu con la
incomparable poesía del amanecer. Abrazado al trabajo y a la lucha cotidiana,
bebía de la fuente de la vida y sabía hacer cantar juntos el yunque, el arado y
la cosechadora. Los pioneros tienen su historia escrita con el mismo sudor, el
mismo trabajo y el mismo aprecio por el surco.
Una historia común: la de
argentinos y la de inmigrantes que se asocian al proyecto de la colonización
organizada, a partir de los primeros asentamientos, desde 1856.
Volvamos nuestras miradas al pasado y enfrentemos
los rostros de los abuelos gringos, penetremos un momento en el secreto de su
intimidad personal y palpitemos con sus corazones ansiosos. Allí, sin dudas,
percibiremos las angustias y los sueños que los llevaron lejos de su tierra
natal en busca de compromisos y amores nuevos. En ese abrazo espiritual
pidámosles extender nuestras miradas y con ellos elevarnos sobre la corrupción
homicida para divisar un futuro como el que ellos soñaron y labraron, en su
momento; probemos caminar con sus pies cansados para acertar un camino sin
ambiciones mezquinas, el camino que nos lleve a consolidar el bienestar
general; tratemos de mover sus fuertes brazos, que nos devolverán la alegría y
la dignidad en el trabajo que enaltece
la condición humana. En una palabra, volvamos a los primeros días de las colonias para conocer el legado
cultural que nos dejaron los pioneros de la colonización y aceptar el
compromiso, tomando la posta que ellos dejaron. Sin duda, no vendrán
extranjeros para identificarse con el país, para trabajar por una Argentina
nueva... Este es nuestro tiempo. Tenemos un espejo donde mirarnos. Hagamos mas
nítida la estampa y el legado de nuestros queridos abuelos. Es un deber de
gratitud que debemos asumir.
Recordemos que este es uno de
los objetivos de EVA y, por lo tanto, debemos darle vida permanente.